A través del uso ortográfico y gramatical el escritor José Saramago brinda la libertad a que sus lectores puntualicen su obra mentalmente para construir su propia interpretación de la misma. No es la primera vez que un escritor se atreve a desafiar lo aceptado en cuanto a la creación de obras literarias.
Pocas veces pensamos en el rol que juega el escritor, ¿Cómo hacer un texto novedoso? ¿Qué aspectos hay que amasar para que el discurso cautive al lector? ¿Qué herramientas harán de un libro una obra merecedora al Premio Nobel? O tan sólo ¿Cómo inician las primeras dos líneas de un texto cuando todas las ideas están en la mente del creador?
Milan Kundera retoma algo muy acertado que va ad hoc a lo que me refiero, en su texto La broma escribe: “En cada hombre hay algo de egoísmo y es la mujer la que tiene que defenderse a sí misma y a su misión femenina”.
Si hacemos un símil y pensamos en la literatura como esa mujer que debe defenderse y al hombre egoísta como el lector encontramos una batalla injusta, pues a veces se nos hace fácil criticar lejos de ser críticos con los textos, pocas veces investigamos en la vida del escritor, el contexto y la vanguardia en la producción de textos a la que el escrito pertenece.
Sin embargo, algo que resulta de manera afortunada tanto para la literatura como para el lector son las nuevas estrategias que toma el escritor, el nuevo valor que toma el libro como objeto.
En la feria internacional del libro de 2018, se es común encontrar aquellos best seller sobrevalorados, luego de recorrer el laberinto del Palacio de Minería en la que se llevó a cabo el evento encontré una elaboración que deja al lector anonadado, eran libros elaborados con cajas de cartón, estas simulaban la portada y contraportada, bajo la producción del colectivo sinaloense se le daba una frescura a la narrativa de los textos, en su mayoría eran compendios de poemas y cuentos, se podía observar la inspiración de los artesanos en cada trazo y color que los compendios tenían.
Fue una suerte encontrar que la literatura no está peleada con la economía y que, aun así, en la producción “más humilde” un texto siempre pretende sumar experiencias, sensaciones y belleza en las personas.
Sin irnos a ese grado de “extravagancia” Julio Cortázar en Rayuela terminaba con la forma convencional en la elaboración de libros. Un texto pesado, pero interesante, al que no le he visto ningún parecido a otro.
La literatura siempre nos ensañara, será nuestro “sensei”, fortalecerá nuestra escritura, lenguaje, vocabulario, nos dirá de manera cruda que el mundo no es de color de rosa, nos hará llorar con la narrativa más sublime, será un mundo de contrastes, un escape, un hogar, una compañía, la intimidad, el placer mental, pero siempre se quedara en nuestra mente y en el proceso de releer textos continuara dándonos cátedra de la realidad y la ficción.
Siempre llevaremos la literatura en la mente, pero más en el corazón, si escribimos pensando en aquellos que nos van a leer es más probable que seamos capaces de cautivarlo, de darle experiencias fuera de su imaginación y sobre todo, dejar en cada letra escrita un «pedacito» de nosotros mismos, porque con el tiempo… todo se transforma.